lunes, diciembre 13

‘Inalmama’, la coca en un disperso coro de voces

Que la coca despierta amores y odios por igual, no es novedad. Lo paradójico es que pese a ello han sido pocos los intentos desde nuestro cine por desentrañar esos sentimientos encontrados. En esta tarea se aventura el director Eduardo López con el docuficción Inalmama. Se trata de varias historias —que incluyen a kallawayas, guaraníes, cocaleras del Chapare, productores de los Yungas, mineros y presos por la Ley 1008— que cuentan en la planta andina como un hilo conductor.
Sagrada para algunos, simple insumo para el narcotráfico para otros, López intenta mostrar las facetas que surgen en torno a la coca. Pero el realizador toma posición e inclina la balanza hacia aquellas que reivindican su importancia económica, religiosa y cultural. Si bien se muestra el testimonio de un traficante de drogas, preso en San Pedro, la cinta omite, por ejemplo, cualquier reflexión sobre la tragedia que viven a diario los adictos a la cocaína. El filme ya generó reacciones. En la fachada de la Cinemateca, donde se proyecta el metraje, alguien grafiteó: “coca es cocaína”.
Destaca en Inalmama la búsqueda por revelar aspectos desconocidos por el común. Así, por ejemplo, se interna en la ardua tarea que implica la producción de cocales. Esto a través de los ojos de un grupo de autoridades guaraníes que llegan hasta una población yungueña, para solicitar a los cocaleros del lugar que se les abastezca —sin intermediarios— de mayor cantidad de coca, para satisfacer la demanda de sus comunidades chaqueñas.
Reveladora también es la defensa que de la planta hacen cocaleras del Chapare y kallawayas paceños. Sus palabras —incluidas la de los guaraníes— se oyen en su idioma originario, lo que brinda un plus al trabajo. Sobresalen los arreglos musicales de Panchi Maldonado (Atajo) —sólo opacados por repentinos altibajos en el sonido, quizás debido a fallas del equipo de la sala— y el pulcro trabajo de fotografía de Juan Pablo Urioste y Rodrigo Aliaga.
Sin embargo, son tantas las voces y los protagonistas en Inalmama, que llegan a dispersar la atención del espectador. Y así, más que con las reflexiones sobre la coca, uno se queda con las historias de los personajes. Por ejemplo, la del reo brasileño cuyo testimonio y vida dentro del penal de San Pedro podrían dar pie a otro documental; la del trabajo de los médicos andinos que incluye largas caminatas exploratorias para la recolección de plantas y raíces curativas. O la travesía de los guaraníes hacia una desconocida La Paz y su regreso a sus comunidades con la preciada coca. Todas estas historias y testimonios, junto a la de los demás que conforman el filme (al menos una decena), se pelean por protagonismo.
En el intento por plasmar la mayor cantidad de miradas sobre la coca, la cinta salta de trama en trama sin terminar de consolidar ninguna. Un ejemplo son las imágenes de archivo del trágico enfrentamiento entre cooperativistas y asalariados mineros en Huanuni, el 2006, que no se teje con la trama principal.
Con todo, Inalmama es un sincero intento por impulsar un debate serio sobre la coca; es una obra que los bolivianos deben ver.
Texto: J.B. Foto: Producción Inalmama. Publicado en el suplemento Tendencias.

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