lunes, abril 4

Agetic, un Cadillac en medio del desierto

Como tener un Cadillac último modelo en medio del desierto. Eso significa la Agencia de Gobierno Electrónico y Tecnologías de Información y Comunicación (Agetic) para nuestro país. Me explico. La flamante institución –que ha iniciado su labor recientemente- se ha armado de un equipazo de profesionales, cuenta con la decisión política y el presupuesto necesario para buscar romper anquilosadas trabas burocráticas y administrativas para que instituciones públicas ofrezcan servicios más eficientes al ciudadano. Ha abierto espacios virtuales y presenciales para recoger opiniones ciudadanas sobre los planes de Gobierno Electrónico y de Software Libre y Estándares Abiertos. Ha impulsado el debate sobre soberanía tecnológica, gobernanza y seguridad digital, entre otros. Ha consolidado el sueño de contar con la firma digital y busca simplificar tortuosos trámites públicos. Y sin embargo, a pesar de todo esto, Agetic no deja de ser un lujito instalado en medio de un desierto: nuestro sistema de gobierno y administración estatal.


miércoles, enero 13

VIVIR SIN EVO

Extraño al Evo de la chompita a rayas. Ese que compartía un modesto alquiler en Miraflores, que tomaba su té en una jarra de metal y que tenía que planchar sus pantalones. Ese hombre invitaba a soñar. El Evo de hoy, que con tan sólo el movimiento de un dedo de su mano puede obligar a un ser humano a arrodillarse para amarrarle los huatos de sus zapatos, me provoca desazón. 

Me acuerdo el momento en el que decidí votar por Evo, el 2005. Veía en la Tv la transmisión del debate de candidatos a la Presidencia organizado por los empresarios privados, en Santa Cruz. Evo vestía jeans y una camisa manga corta, nada que ver con los “glamorosos” candidatos de siempre. Cuando le tocó el turno de subir a la palestra (era el último), estaba todo sudado. Se notaba su nerviosismo, estaba incómodo. Sabía que encaraba a un público que, en el fondo, despreciaba sus propuestas, sus orígenes sindicales y su piel india. Surgieron las primeras risitas desde el público asistente. Evo se secó el sudor de la frente con una servilleta de papel, acomodó como pudo sus documentos y llevó con torpeza a sus labios la botella de agua que había sido dispuesta en la tarima. En su desesperación, terminó mojándose la camisa. “¡Usá el vaso!”, se oyó distante y las risitas mala leche se multiplicaron. Fue en ese preciso instante que decidí votar por Evo Morales Ayma y desde ese momento he venido aportando al proceso de cambio. Sí, aportando: con mi voto y mis acciones, tal y como lo vienen haciendo miles de bolivianas y bolivianos muy a pesar de la paradoja que significa que los principales líderes de este proceso se alejen cada vez más de los postulados que un día nos conquistaron. A pesar de ello, seguimos creyendo y apostando al cambio. Porque no es necesario ser autoridad, político, servidor público, dueño de una polerita del Che; miembro o dirigente del partido, antiimperialista, integrante de un movimiento social, apasionado izquierdista o groupie del socialismo del Siglo XXI para sumarse a un proyecto que, al final, apunta a la construcción de un mundo mejor. Sólo basta con creer en que el bienestar del ciudadano y el respeto por los derechos individuales y colectivos son mucho más importantes que los designios globales de un capitalismo neoliberal que no hace más que ver consumidores allí donde hay ciudadanos y que le interesa más el buen desempeño macroeconómico y la dicha de los mercados que el bienestar del ser humano. 


Y así como este proceso no exige mayor credencial que las acciones propias, tampoco tiene propietario ni único adalid. Decir lo contrario es engañar y manipular el miedo para eliminar la esperanza. Asegurar que sin Evo más o menos que se desatará el Apocalipsis es irresponsable y lo único que hace es poner en duda la fibra y trascendencia de este histórico proceso de transformaciones. Peor aún, no hace más que menospreciar la madurez de una ciudadanía que –parecen olvidar- supo con sus acciones y con su voto castigar la vieja política y depositar sus esperanzas de cambio en Evo y su entorno. Y es esa sabiduría -que gatilló el cambio- la que no permitiría hoy que se vuelvan a abrir espacios de poder a aquellos que tan mal nos gobernaron.

Evo no es sinónimo de proceso de cambio. Es su líder y más visible impulsor, pero no es su único paladín. No puede serlo. La sostenibilidad de un proceso de transformación tan profundo, que apunta a largo plazo y que tocará a varias generaciones no puede depender de un solo líder. Especialmente si hoy ese líder –y quienes lo acompañan- han antepuesto la pulsión del poder y las pasajeras veleidades que la acompañan sobre la envergadura de los cambios estructurales que se prometió y que aún requiere transitar el país.

Bolivia no es la misma, claro está. Hemos avanzado, no hay ninguna duda. Pero se trata de un avance a media máquina basado en la estabilidad económica, que se ha quedado en la superficie y que no ha logrado penetrar a profundidad para trastocarnos y trastocar las estructuras coloniales que seguimos arrastrando. El armazón del país conservador donde las mayorías son marginadas, las minorías discriminadas y donde las decisiones de Estado se supeditan a los humores del mercado sigue aún en pie. Y no caerá con simples simulacros. No basta con apuntar al capitalismo neoliberal como el mal que nos aqueja social, política y económicamente, hay que transformarlo con una alternativa innovadora. Y, créanme, nada de innovador hay en ofrecer bonos del Estado Plurinacional de Bolivia en la meca del capitalismo: Wall Street. Nada de innovador hay en abrir los parques nacionales al hambre del capital. Reformar el sistema implica permitir minimizar los costos sociales que provoca la acumulación capitalista y no así acelerar las brechas. En definitiva, se requiere de mucha gestión y de una visión ética y transformadora que se sobreponga al simple discurso encendido que sólo es bueno para mover aplausos.


El pragmatismo como táctica de equilibrio político ha pesado más que los túmulos ideológicos en los que se sostenía la base del proceso de cambio boliviano. Lo demuestra el acercamiento del MAS a grupos radicales y conservadores del Oriente que incluso lucharon a Evo usando la violencia. Lo demuestra la humillante pleitesía que se rindió al Papa sólo para acercarse al corazón de los católicos. Lo demuestra la vergonzosa fractura en el que se encuentran hoy los movimientos indígenas, cuyos territorios y culturas se ven amenazados más que nunca por la arremetida del mercado que desesperadamente buscan fuentes de energía.

Pero lo más preocupante en esa línea de pragmatismo político radica en que las principales reformas estructurales –las de fondo- que fueron planteadas el 2005 han quedado en enunciados que sólo nos han servido para adornar los discursos, que nos hacen quedar muy progres fuera de nuestras fronteras, pero que, en los hechos, hoy están cubiertos de polvo y telarañas. Las transformaciones culturales, de mentalidades y de subjetividades se estancaron en la teoría y no hallan canales claros en la práctica cotidiana, ni siquiera en el quehacer cotidiano de las instancias públicas.


¿Qué se ha avanzado en el proceso de descolonización? ¿Qué signos concretos tenemos del Estado Plurinacional? ¿Dónde encontramos en la práctica el Vivir Bien? ¿Dónde quedó el Estado laico? ¿Son los obreros los que dirigen las empresas públicas o son los acorbatados de siempre? Si nos ponemos a analizar una a una estas simples preguntas concluiremos que hay un saldo negativo. Ni siquiera se ha logrado combatir esa arraigada idea de la corrupción como forma normal de hacer política.
Bien lo decía José Saramago: “Cuando la izquierda llega al poder, no usa las razones por las cuales ha llegado. La izquierda deja de serlo muchas veces cuando llega al poder y eso es dramático”. Y esto duele, especialmente para quienes –sin necesidad de abrazar al partido oficialista- estamos convencidos que al proceso de cambio le asiste la razón de quien propone que se construya un mundo mejor ante el colapso del ser humano.

Las energías del Gobierno se han orientado a la polarización más que a la consolidación del nuevo Estado. Dejaron que las profundas reformas planteadas el 2005 queden en lo simbólico. Creyeron que sólo incluyéndolas en una nueva Constitución el resto llegaría por añadidura y se dedicaron sin tregua a consolidar su poder barriendo a los opositores y las voces críticas internas. Y en el ínterin dejaron que se rompa la conexión con el ciudadano. Se alejaron, como sólo el poder puede llegar a hacerlo, de la base real de este proceso. Y así han dejado que las fuerzas conservadoras se abran paso en una batalla que es cultural, no política. Lo que sucedió en la Alcaldía de El Alto es sólo una muestra de ello.

Un puñado de dirigentes de movimientos sociales monopoliza la comunicación entre gobernantes y gobernados. Son éstos la muralla donde se estrella nuestra voz y, claro, la de quienes nos gobiernan. Son estos dirigentes quienes administran las voces de sus bases según su antojo y utilizan a la masa en actos públicos de aclamación sólo para demostrar su músculo y así exigir beneficios para su sector, beneficios que mayormente sólo llegan a otro círculo minúsculo de dirigentes. 

En 10 años ni a las autoridades ni a los representantes nacionales y locales les ha interesado generar canales directos de interrelación con el ciudadano. La gran mayoría de bolivianxs, por ejemplo, ni siquiera conoce a lxs asambleístas que lo representan, peor aún ha tenido la posibilidad de plantearle sus inquietudes. 

Demasiado daño le han hecho a este proceso los silencios, los cómplices y los impuestos. Primero la de valiosas personalidades dentro del proceso que –en vez de ser la voz crítica que oriente- se han transformado en simples aduladores del poder. Otros que intentaron alzar la voz han sido marginados debido a la incapacidad de los líderes de este proceso de entender y valorar la heterogeneidad que habita el complejo universo del proceso de cambio. Los contrapuntos, las variaciones en los contextos políticos y las diferencias culturales lejos de ser entendidas como fuerza colectiva han sido combatidas sin tregua en busca de una homogeneidad absurda.

Claro, responsables también somos los ciudadanos que apostamos a este proceso, por nuestro silencio, por nuestra complacencia, por nuestros miedos, por nuestros “ni modo”. Ese es el peor daño que erosiona este proceso.

La verdad es que no tengo idea de cuál será el desenlace final del referéndum de febrero. De lo único que estoy convencido es de que para las próximas elecciones presidenciales los liderazgos del proceso de cambio deben cambiar. Necesitamos personas que retomen las raíces, con o sin Evo. La tarea es gigante y cada uno tiene su parte y responsabilidad ante la historia. Ojalá y estemos, pues, a la altura de los desafíos.

miércoles, septiembre 16

Nuestro lugar en la mesa

"Somos ciudadanxs del siglo 21 intentando interactuar con instituciones públicas que han sido diseñadas en el siglo 19". Sí, hace mucho tiempo atrás. Un tiempo en que la ciudadanía estaba excluida de todo proceso de toma de decisiones sobre las políticas públicas que afectaban su vida. 

En una época en que las nuevas tecnologías de la información nos permiten participar en conversaciones globales, en que las barreras de la información han sido completamente superadas y que podemos -como nunca antes en la historia de la humanidad- expresar nuestros anhelos y preocupaciones desde distintas plataformas, es lógico que poco a poco ese monólogo proveniente de las instancias públicas tenga sus días contados. Porque será imposible en un futuro próximo hablar de democracia sin la real participación nuestra.  

viernes, agosto 14

Nuestros edulcorados intelectuales

Decía Marcelo Quiroga Santa Cruz que hay dos formas de faltar a la verdad: mintiendo o callando. Esta última, aseguraba, es “más sutil y por ello altamente peligrosa. El soslayar la dilucidación de los grandes temas nacionales de manera sistemática es una forma de mentir”, sentenciaba este hombre del que tanto se habla y del que tan poco se conoce y lee. 

Lxs que callan son hoy mayoría, pululan entre nosotrxs. Están en el seno mismo de nuestras familias, en los círculos de amigxs y entre conocidxs. Pero en medio de este universo de afonías, es el silencio de la intelectualidad el que más abruma y lastima. Duele porque se trata de personas que –a pesar de su capacidad de generar pensamiento crítico- han decidido engañar(se) y callar. Creen que con su silencio evitan sinsabores, pero en realidad están faltando a la verdad y están traicionando su responsabilidad dentro de la construcción de la sociedad. Y lo peor, lo hacen en el momento en el que más necesitamos oír un contrapunto de voces.

martes, julio 21

Así cayó Villarroel

El cuerpo maltratado del presidente Villarroel colgando de un farol de la plaza Murillo. Esa es la imagen que la mayoría de lxs bolivianxs llevamos grabada en la memoria cuando retrocedemos a los trágicos acontecimientos de julio de 1946.

Y a pesar de que han pasado 69 años, aún hoy es complicado separar la paja del trigo e intentar pintar los sucesos del 46 con el lente de la objetividad, si es que tal cosa puede ser posible.


Apoyado en los magníficos documentos fotográficos del extinto periódico La Razón, me permito compartir algunos de los hechos de aquellos días de furia, esperando que ayuden a cada quien a sacar sus propias conclusiones.

Te invito a entrar a este enlace y recorrer las calles de La Paz aquel 21 de julio de 1946. 
Sólo debes hacer clic en el cuadradito verde que aparece aquí abajo, donde dice: "View Story".

jueves, julio 2

Ana, la custodia de la memoria

Ana Rivera Sotomayor del Castillo Cabrera es una sopocacheña de nutrido abolengo y memoria prodigiosa. Su casa, ubicada a unos pasos del Montículo, es Patrimonio de La Paz y anidó a uno de los escritores más emblemáticos de esta ciudad: Ismael Sotomayor, autor de "Añejerías Paceñas". 
Ana lucha por que la memoria y el legado de su tío no sean engullidos por el olvido. Se trata, en todo caso, de una lucha titánica. Para muestra de ello sólo es necesario señalar que Ana lleva décadas denunciando el inexplicable secuestro de la mítica biblioteca de su tío, que ocurrió tras la muerte de éste en los años 60. El secuestro de los libros (que incluía invaluables joyas de la Colonia) fue realizado entonces por autoridades del Ministerio de Educación. 

La biblioteca de Sotomayor (quien en 1961 fue encontrado muerto en el interior de su habitación) impresionó incluso al escritor Jaime Saenz, quien bien la refleja en uno de sus escritos donde, además, Sotomayor es protagonista.

"Con algo así como un metro cincuenta de estatura y con una bien proporcionada joroba, era dueño del mundo. / Tenía miles de libros, de toda clase y de todo tamaño, tenía cien ediciones diferentes del Quijote, todas en miniatura. /.../ tenía olor a yerba, a romero y a incienso, y también a humo. / Y era intransigente y apasionado en más de un sentido".

Ana, en sí misma, es un personaje fascinante aún por retratar. Poeta, investigadora y ferviente admiradora de Pedro Domingo Murillo, logró en los años 70 que una plaza en Lima llevara el nombre del revolucionario paceño. 


Hoy vive rodeada de recuerdos y vetustas fotos que hablan de sus antepasados famosos, como Ladislao Cabrera. De Ismael Sotomayor sólo queda un ejemplar de "Añejerías Paceñas", un par de fotos y uno que otro diploma empolvado.


Les invito a escuchar esta charla con esta admirable mujer.


domingo, mayo 31

"Tamayo", la osadía de Percy Jiménez

Franz Tamayo es, a no dudarlo, uno de los personajes más fascinantes y polifacéticos de la historia boliviana y, por ende, fiel reflejo de las luces y sombras de quienes protagonizaron una de las épocas más convulsas de nuestra historia. 

Ya desde la pluma literaria, la crítica periodística, el ensayo intelectual o el curul parlamentario, Tamayo fue parte ineludible de las paradojas de una Nación que no lograba consolidarse como tal. Engrosó la mezquina clase política boliviana que, entre otros, llevó al desastre a Bolivia durante la Guerra del Chaco; fue una de las pocas celebridades bolivianas reconocidas por las letras americanas; orgulloso de su sangre india y defensor de la creación de escuelas indígenas; impulsor de proyectos como el de Ley Capital contra "tiranos y sus cómplices", pero voz callada ante la dictadura militar que se instauró tras la caída de Salamanca... Así de  múltiples las facetas y paradojas de Tamayo.  

Lo resumió muy bien en 1942 Fernando Diez de Medina en su obra “Franz Tamayo-Hechicero del Ande”, biografía que provocó -entre Tamayo y Diez de Medina- una de las polémicas más memorables y sabrosas que se hayan dado en las páginas de los periódicos bolivianos. Entonces el joven perfilador aseguraba que Tamayo representaba en grado extremo nuestras virtudes y nuestros defectos; nuestros aciertos y nuestros errores. “Acercarse a Franz Tamayo es acercarse a Bolivia. ¡Tanta y noble fuerza en dispersión! Todo cuanto nos impidió ser potencia en más de un siglo, está intrínsecamente contenido en el gran mestizo”, escribía Diez de Medina.
A pesar de lo señalado, hay que decir que la vida y la obra de Tamayo son desconocidas por el grueso de lxs bolivianxs. Fuera del mítico retrato que acompaña el billete de 200 bolivianos, Tamayo es hoy una figura arrinconada. Claro, se dirá que esto sucede con la mayoría de nuestros personajes y con nuestra propia historia... Vaya menudo consuelo para socapar nuestra vergonzosa actitud.  

Es por ello que hay que celebrar una y mil veces cuando desde las artes se busca sacarnos de ese letargo, cuando se intenta aproximarnos a personajes de la talla de Tamayo, cuando se nos empuja a que enfrentemos al espejo. Y es que, ¿quién mejor que un artista para, desde sus sensibilidades, buscar adentrarnos a un tiempo y a un personaje que nos hablan de quienes somos?

Sí, hay que celebrar la osadía del dramaturgo Percy Jiménez de encarar desde el teatro la figura de Franz Tamayo y que lo haga desde las raíces de un hecho trágico de la que Tamayo fue participe como parte afín del oficialismo: Chuspipata, donde habían sido fusilados y arrojados a un barranco, en medio de la noche, varios bolivianos de prominente actuación en la vida pública. Osadía la de Jiménez no sólo por arriesgarse a desempolvar del olvido al intelectual, escritor y político, sino por adentrarnos en las profundidades de un ser abatido por las circunstancias y en las paradojas nacionales. Se trata de una osadía de la que Jiménez, y el elenco que dirige (Freddy Chipana, Miguelangel Estellano, Mauricio Toledo y Bernardo Rosado), salen airosos.
“Tamayo” es una obra que hay que ver. Es una pieza breve pero potente que nos enfrenta a heridas que, como sociedad, no hemos cerrado aún. Quizás porque nos da miedo ver nuestro verdadero rostro reflejado en una época, y en personajes, que han marcado nuestro sino como país. 

“Potencialmente, Tamayo es lo que no pudo ser, lo que es y lo que debe ser Bolivia. No el indio puro, silencioso y pasivo. No el blanco declinante del resabio colonial. El gran mestizo, mezcla de razas, almas y culturas, penetrado de ambición y de energía, que absorbe la forma europeoanglosajona para abrir cauce más rápido a una cultura americana en gestación”, escribía Diez de Medina.

Valga la ocasión para que, saliendo del teatro, nos animemos a adentrarnos más en la vida y en la obra de este personaje imprescindible para comprender lo que somos como bolivianxs. 

* Caricaturas extraídas del libro "Yo fui el orgullo", de Mariano Baptista Gumucio.

Otra nota sobre el autor: El trono de piedra de Franz Tamayo

sábado, mayo 30

Internet y la interlocución de ida y vuelta

Nunca como ahora la humanidad ha estado ante una capacidad de expresión tal como la que se tiene hoy. Me explico. Cuatro han sido los hitos que por su impacto han revolucionado la comunicación y los medios, como lo resume Clay Shirky. Primero lo hizo la imprenta. Luego llegó el teléfono abriendo la posibilidad de la conversación de voz en tiempo real. Un siglo después, el mundo se puso de cabeza con la llegada de la fotografía y la imagen en movimiento. Y, finalmente, imagen y sonido se abrieron paso por el espectro electromagnético; nacía la Tv y la radio. Pero ninguna de estas revoluciones por si solas brindaron la posibilidad de una comunicación masiva que permitiera la interacción. El medio que era bueno creando conversaciones (como el teléfono) no lo era para crear comunidad. Y aquel que era bueno creando grupos (periódico) no lo era posibilitando conversaciones. Internet permite ambas posibilidades, una comunicación horizontal presta a generar comunidad. 

Es una revolución que permite al ciudadano no solo ser consumidor de información, sino productor de ella. Se trata de una realidad no muy bien digerida por poderes que siempre han gozado del monopolio de la información. Los medios de comunicación no comprenden que cada vez nos interesa menos que sean simples fuentes de información. Requerimos interlocutores de ida y vuelta que generen redes de información. 

Sorprende, igual, que los gobiernos se la pasen buscando fórmulas para controlar las redes en vez de buscar la manera de sintonizar desde allí con el ciudadano, sus problemas y sueños. Lo que importa aquí no es el capital tecnológico, sino el social. Los retos son inmensos. El principal: ¿cómo hacer mejor uso de estos medios?

domingo, marzo 8

La historia se reinterpreta en la web




Mientras lees estas líneas hay manos que están reinterpretando la historia desde internet. Y no se trata de expertos investigadores, sino de ciudadanas y ciudadanos comunes y corrientes que de forma colaborativa están enriqueciendo -y hasta retando- la construcción historiográfica. Y esto es un hecho que merece ser celebrado. 

martes, febrero 24

La hermosa suicida

Mi historial suicida es una vergüenza. Un insulto a la memoria de quienes lograron hacer de su autodestrucción un proceso de elevado sentido poético. Allí está Alfonsina Storni adentrándose en el mar. O Virginia Woolf llenando de piedras los bolsillos de su abrigo para luego sumergirse en un río. O Jacques Rigaut, creador de la Agencia General del Suicidio, pegándose un tiro en el corazón sobre el lecho de muerte que había preparado con minucioso detalle.
Nada que ver con mi pusilánime historial suicida que se reduce a un par de tentativas nada glamorosas incitadas por el alcohol, y de las que sólo ha quedado una cicatriz en mi muñeca derecha de 3,5 cm que se asemeja a un regordete ciempiés con una cabeza de perro chiguagua. Una grotesca caricatura de aquel ideario de apresurar el final con estilo.

viernes, enero 9

Ceder ante el miedo

A todos tocó el ácido de Charlie Hebdo, hasta Pinochet.

Wagner puede ser uno de los compositores más grandes de la historia, pero está vetado en Israel. No hay una prohibición escrita, pero puedes estar seguro que su música jamás alcanzará el top ten de preferencia. ¿La razón? Wagner tenía tendencias antisemitas y era el músico preferido de Hitler. Se dice, incluso, que sus composiciones resonaban en campos de concentración mientras centenares de judíos eran asesinados.

martes, diciembre 16

¿Por qué carajos no reaccionas?

Con fotos de Opinión. Falta la foto de uno de los violadores.
El lunes 21 de julio cinco hombres abusaron sexualmente de S.T.C, de 19 años. Lo hicieron por dos horas. Es decir, durante 180 minutos un cuerpo fue vejado y torturado repetidas veces.


¿Jodido?