lunes, noviembre 9

PECADORES

“Eres un pecador incorregible”, me dije. “Ya viene siendo hora de que salves tu alma de los infernales tentáculos de Satán”, me convencí. Y entonces comencé a andar la ciudad en busca de un lugar para la expiación de mi penitente ser y, por añadidura, de un espacio futuro en el reino celestial (con 100 metritos cuadrados me conformo) para instalar mi computadora, conectarme a internet y chatear desde las alturas con la manga de pecaminosos amigos que, de seguro, terminarán en tierras muchísimo más cálidas.
Comencé mi travesía por las iglesias católicas, pero estaban atiborradas de candidatos a las elecciones generales de diciembre. ¿Qué pensará el Santísimo al verlos allí? ¡Taaan santitos que se ven los pobres querubines! Me acomodé en la última fila, tratando de esquivar las banderas proselitistas y a sus seguidores. De rato en rato creí escuchar salir desde el púlpito mensajes políticos. Y como a mí la política me provoca alergias, al igual que sus camaleónicos personajes, decidí persignarme y salir rajando.
Me dije: “Man, la moda manda”. Y si de fashion se trata, pues allí están las agrupaciones evangélicas. Mucho más modernas, con trato personalizado, con sus bandas de música, sus pasitos divinos y su gente “bien”.
Claro, más que buscarlos a ellos, ellos me encontraron. Porque están por todas partes, en especial allí donde la Santa Madre Iglesia ha decidido no estar: zonas populares como la Buenos Aires y la Garita de Lima o barrios periurbanos como Ovejuyo, donde se alzan hasta cuatro sectas distintas en una sola avenida, todas en locales comerciales (por qué será, ¿no?).
Visité a Los Profetas del Nuevo Judá, la Iglesia de los Ángeles del Yetsemaní y la Legión del Jericó Andino. En una semana mi búsqueda de salvación me llevó a la ruina. “Agua bendita del Jordán para lavar el alma”, $us 50; “Astilla de la cruz para pinchar los malos pensamientos”, $us 20; “Diezmo y ofrenda para que la palabra de Dios ilumine la oscuridad en Papúa Nueva Guinea”, Bs 100...
Ni modo —concluí— si los pobres ya estamos destinados a poblar los terruños de Supay, entonces pecaremos nomás.

*Javier Badani Ruiz,es periodista y pecador.
Publicado en la Columna sindical de La Razón

domingo, octubre 25

TRES MIRADAS EN ROJO AMARILLO Y VERDE

Boulocq apuesta por la intimidad en Rojo
Liliana Carrillo V.,periodista
Desde su ópera prima, Lo más bonito y mis mejores años, Martín Boulocq ha construido su cine en la exploración de mundos individuales. Rojo refuerza esa búsqueda. Un mujer con cáncer. Un hombre que ama a la mujer con cáncer y el miedo como barrera entre ambos. Esos son los elementos que arman la trama del corto. En los roles protagónicos, dos actores de teatro: Patricia García, sólida pero sin la convicción que transmite en la
s tablas, y Daniel Aguirre, que aquí es capaz de crear complicidades. Al reparto se suma el escritor Ramón Rocha y actúa, aunque su papel se restringe a tomar un “caj” y llevar en brazos a una niña.
En Rojo hay sobre todo una atmósfera de deseperación, un augurio de sangre. Boulocq recurre a primeros planos, a tomas largas, a juegos de espejos para transmitir el temor de Pilar, así se llama la protagonista. Su historia apenas tiene contexto, acaso no lo necesita.
No es casual que el guión sea resultado de la complicidad de Boulocq y Rodrigo Hasbún. Cineasta y escritor son parte de una generación que hace su obra a partir del descreimiento postmoderno y que conoce su oficio (el texto del narrador tiene partes sobresalientes).
Rojo no es un film grato, agobia. No es ágil, aburre. Su mérito es indagar en intimidades y no es fácil verse desnudo.


Amarillo, una metáfora visual sin resolución
Javier Badani Ruiz, periodista
El oficio de Sergio Bastani es la imagen. Y en ello es todo un artista, como lo demostró en El jardín de las rubias, en 2008. Sin embargo, al apreciar Amarillo concluí que una cosa es concebir desde la experimentación artística un videoarte y otra, muy distinta, llevar este recurso al cine.
Amarillo, dirigido por el tarijeño, cuenta con instantes de ensueño, óleos visuales que invitan a volar. Quizás demasiado. Bastani se pierde en el uso de metáforas y simbolismos a través de la imagen, que no encuentran una propuesta narrativa de la cual el espectador pueda asirse. Esto, en cambio, no sucede en las propuestas de Martín Boulocq y Rodrigo Bellot, que cuentan con una trama, característica del lenguaje del cine.
En Amarillo, la historia se muestra encriptada para el público. Lo evidente: un niño (Santiago Rozo) se esconde en la parte trasera de un camión, alejándose de su casa. Por alguna razón baja del vehículo, luego de un largo viaje. En su travesía de regreso descubre un universo andino.
Sin embargo, lo evidente se torna confuso a la hora de evaluar el conjunto. La falta de diálogos no aporta en esta ocasión y obliga al espectador a intentar adivinar las intenciones narrativas que propone la pieza, a encadenar a la fuerza las imágenes para entender qué se quiere decir. Una obra cinematográfica no debería necesitar una explicación fuera de sí misma. Ésa es una tarea pendiente para el director.

Rodrigo Bellot exhibe su madurez en Verde
Mabel Franco, periodista
Rodrigo Bellot ha construido un guión lo suficientemente sólido como para permitir que los personajes, en los 30 minutos que dura el film, crezcan ante los ojos del público, se conviertan en seres de carne y hueso. Tal cual pasa con la historia que, a partir de su singularidad, de su extrema sencillez, permite tantas lecturas como las que ensaye el espectador. Esta última posibilidad no debe entenderse como algo azaroso; es el resultado de la capacidad del cineasta para construir signos que él carga de sentidos y entrega luego en los diálogos, en los personajes, en el paisaje, en los tiempos, en las canciones, en el verde...
Un desamparado joven es acogido por un amigo, que no sólo lo lleva a su casa, donde la madre le hace un lugar, sino que le consigue trabajo en la misma hacienda ganadera de Santa Cruz donde él sirve. Las relaciones, en principio harto amigables, se irán deteriorando. Y el grupo circundante mostrará su enorme fragilidad ante los rumores y los prejuicios. Todo esto, en un mundo machista y en un momento en que la ideas de las autonomías —léase cambio, léase independencia— ocupan a los habitantes de esa parte de Bolivia.
Bellot no sólo confirma su madurez en el oficio, sino que exhibe una mirada crítica sobre su entorno sin caer en panfletos o maniqueísmo. Está además su  ojo para elegir actores: Lorena Sugier, Ismael Suárez y Diego Paesano no pueden ser más convincentes.
Rojo Amarillo Verde fue planteada como una trilogía sobre Bolivia. La bandera que se teje en el principio acentúa esta idea. Resulta interesante que las tres lecturas abran el abanico y muestren que el cine boliviano no tiene por qué ser político o social o algo preestablecido. Puede ser intimista, coyuntural, etc., etc. lo importante es que mueva algo en el espectador.
Nota publicada en la revista Tendencias.

viernes, octubre 23

INSTANTES, EN BLANCO Y NEGRO
















* Fotos: Javier Badani

miércoles, octubre 21

EN EL ARTE nO ToDo VaLE

Crear comida de peces con el cadáver de un criminal condenado a muerte, exponer en una sala a una persona agónica, captar en video el asesinato de un animal... Estas son algunas de las propuestas de los seguidores del shock-art. Su objetivo: atraer la atención del público a través de obras perturbadoras. El shock-art es tan sólo una de las tantas corrientes que han surgido en las últimas décadas, tanto bajo el manto del arte contemporáneo como bajo el impulso, en los últimos años, de nuevos soportes tecnológicos e informáticos.
Estos lenguajes de vanguardia han avivado en el mundo el debate sobre la definición del arte y su discurso. ¿Hacia dónde va la creación artística? ¿Es más importante la técnica que el concepto? ¿Tiene límites el trabajo creativo? ¿Se debe volver la mirada hacia los lenguajes tradicionales del siglo XIX?
Estas reflexiones recalaron en la VI Bienal Internacional de Arte Siart, de la mano de los jurados internacionales que evaluaron los trabajos presentados en este evento, que hasta el 14 de noviembre mostrará en La Paz el trabajo de los artistas contemporáneos de 26 países de América, Europa y Asia.
“En el arte no todo vale. Hay que recuperar el oficio. Observando los trabajos concursantes en el Siart, comprobé la tendencia mundial de los jóvenes artistas de abrirse a nuevos lenguajes de expresión y a nuevas herramientas tecnológicas. Uno de los peligros de esto es quedarse enganchado en la dimensión técnica y no aportar nada más. La técnica tiene que estar al servicio de una idea conceptual. No sirve de nada utilizar nuevas tecnologías dentro de las nuevas expresiones artísticas si no hay un contenido conceptual profundo”, señala el español Dino Valls, quien reivindica el retorno del arte a las técnicas tradicionales para buscar una renovación creativa.
Para la crítica de arte argentina, Margarita Schultz, la discusión principal pasa por el tema ético. “No me refiero a la moral o a la moralina. Me refiero a que el arte no debe caer en la crueldad para exponer una idea”. Schultz recordó al artista Guillermo “Habacuc” Vargas, quien el año 2007 expuso en Nicaragua a un perro agonizante.
Los límites del arte siempre fueron un tema de debate, explica Schultz, quien llegó al país para formar parte del jurado del Siart y para dar talleres, gracias a la Fundación Simón I. Patiño.
“De aquí a cinco años, cuando miremos lo que se hace haciendo hoy, lo veremos como algo normal. La historia lo demuestra. Cuando aparecieron los impresionistas, por ejemplo, fueron expulsados de los salones académicos europeos por romper los cánones de entonces. La clave es equilibrar técnica y ética”.
La irrupción de nuevas tecnologías en el ámbito de la creación artística centra ahora la atención de la crítica. El trabajo con soportes digitales e informáticos crece en una proporción geométrica.
Artistas como el chileno Gonzalo Mezza, por ejemplo, suben a internet sus obras para permitir que cualquier internauta intervenga en ellas. Mezza da la posibilidad a las personas de cambiar los colores, añadir textos o separar la pieza en secciones. “Esto representa un cambio de concepción en la idea de autor. Lo que se llama la autoría, aquí se desvanece. El autor aquí es un colectivo”.
Otros creadores recurren a la robótica, como el colectivo argentino Biopus que en una exposición utilizó un robot para que, a partir de piezas de desecho que el público escogió, forme figuras.
Para el español Dino Valls, el uso de estos nuevos lenguajes, como también aquellos impulsados por los formatos audiovisuales, pueden llegar a distorsionar la propia esencia del arte.
“Hay una falsa creencia y el deslumbramiento por las nuevas tecnologías, pensando que es el único lenguaje que el artista contemporáneo puede contemplar. Ése es un error que muchas veces lleva a los jóvenes artistas a centrarse en la técnica y no en el concepto”. El crítico de arte evidenció esta tendencia en los trabajos presentados en el Siart.
“Hay que volver a abrir la posibilidad de desarrollar las técnicas que históricamente han funcionado desde el siglo XIX; incluso para volverlas del revés, no para copiarlas. Usarlas como base para nuevos aportes. Hay que abrir terreno para que se vuelvan a desarrollar esas técnicas, abandonando el prejuicio de que no son contemporáneas”.
Valls apunta a que los grandes cambios dentro del arte han venido mediatizados por directrices económicas. “La principal aportación en el arte del siglo XX fue el mercado del arte. Hizo cambiar y crear una preponderancia de unas vanguardias sobre otros métodos de trabajo”.
El paceño Roberto Valcárcel, el único boliviano en el jurado de la Bienal, señala que el uso de las técnicas del arte contemporáneo están siendo usadas a la ligera.
“A veces se cree que porque se agarra un video y se graba un rato ya se obtiene una obra de arte. Eso no es así. El medio del arte contemporáneo que utilices (videoinstalación o performance, entre otros) no te garantiza calidad artística. No sólo hace falta que la gente asuma aspectos superficiales y formales del arte contemporáneo, sino que comprenda que detrás de eso hay cosas más profundas e interesantes de lo que la obra propone”.
“El arte contemporáneo aparentemente es bastante atrevido, informal y sumamente irreverente, pero en el fondo responde a postulados profundos que el artista tiene que saber”.
Para el artista paceño, una de las falencias en Bolivia se centra en la falta de una base teórica. “El gran ausente es el aspecto de la lectura. La gente no lee teoría del arte contemporáneo y no se entera de sus postulados. El artista maneja de manera intuitiva herramientas como la videoinstalación. Me atrevo a decir que en Bolivia no hay una sola buena librería de arte contemporáneo”, señala Valcárcel.
Apunta, asimismo, a una confusión entre ilustración y arte. “Los jóvenes tienen una tendencia al barroquismo, a hacer una ensalada a nivel visual y de ideas. El arte contemporáneo consiste en hacer condensaciones a nivel del sentimiento e intelectual. El artista, a través de la creatividad, debe proponer y postular nuevas miradas sobre el mundo”.

miércoles, septiembre 23

VALDIVIA, UN JAILÓN TRAS EL PREMIO OSCAR

La apuesta de Juan Carlos Valdivia con "Zona Sur" fue muy alta. Y, sin duda, el cineasta salió victorioso. Su película es, en mi opinión como simple espectador, una de las mejores que se han realizado en Bolivia en los últimos años. Sin necesidad de grandes presupuestos, la contratación de "estrellas" ni de tanta alaraca, Valdivia nos regala un largometraje poético en el manejo de las imágenes y una trama con una mirada intimista de aquel colectivo social conformado por miembros de la clase alta paceña. Y aunque el propio Valdivia lo haya negado en más de una ocasión, él también es un jailón. Y claro, el ser jailón no implica tener los bolsillos llenos de billetes, atesorar más de una cuenta en dólares en los bancos o vivir en la zona Sur. Es una complejo tejido identitario que cuenta con sus propios códigos y sus propias realidades; elementos estos que corren de forma paralela a la realidad social y política que vive la mayoría en el país. No cualquiera puede ser un jailón y en La Paz no deben pasar de las 20 familias.
En un esfuerzo sincero, Valdivia ha confrontado su trabajo con la clase media y la clase alta paceña. Propició debates en torno a la temática y anotó las críticas. Es decir que su búsqueda va más allá de la simple creación artística. Sería interesante que haga este mismo ejercicio en zonas como Chasquipampa o Ovejuyo, donde habitan gran parte del servicio doméstico que trabaja en las mansiones de la zona Sur. ¿Cuál será su veredicto ante el filme? ¿Se sentirán identificados?
Ahora "Zona Sur" opta por una de las cinco nominaciones al Premio Oscar como Mejor Película en Idioma Extranjero. Creo, y espero equivocarme, que la producción de Valdivia no funcionaría fuera de las fronteras del país, incluso no creo que lo logre fuera de La Paz.
Lo que hace bella a una película, además del guión y el trabajo técnico, son sus detalles; y en "Zona Sur" abundan y se encajan en lenguajes paceños y, en menor medida, bolivianos.
Sólo basta percibir las reacciones que surgen en la salas de cine paceñas cuando, por ejemplo, el pequeño Andrés (Nicolás Fernández) silva el Himno Nacional recostado en el techo de su casa. Esa imagen pega, pero ¿entenderán esta escena en el exterior? "¿ahora el niño silva el Himno de Bolivia", se pondrá en los subtítulos del filme? O cuando Patricio (Juan Carlos Koria) enumera a la amante de su hermana, Bernarda (Mariana Vargas), los boliches de su preferencia —Traffic, Forum— y ella le menciona con ironía los suyos —Ojo de Agua, La Costilla de Adán—, ¿entenderá el espectador extranjero que acaban de colisionar dos mundos dispares? ¿Tendrá el mismo impacto para los gringos los diálogos en aymara como lo tienen en el espectador boliviano que no conoce este idioma?
Al final, mi opinión puede ser debatible. Pero lo concreto es que estamos ante una pélícula que pasó los límites de la pantalla grande. Saltó de las salas de cine y ahora nos confronta, con maestría, ante una realidad muy nuestra.

miércoles, septiembre 2

BEDOYA, UN ARTISTA DE HUMOR NEGRO

Por favor, los niños no pueden entrar a esta sala. Hay material bien grotesco allí”. La funcionaria del Museo Nacional de Arte (MNA) frunce el ceño mientras lanza la advertencia a los invitados que llegan a la inauguración de la muestra Ultra Madre, del paceño Andrés Bedoya.
Es domingo y un grupo de niños se va agolpando en la puerta del MNA, mientras el paso de los adultos puebla la sala que alberga dibujos, esculturas y un audiovisual donde domina lo sexual.
“Para personas con criterio formado”, se lee en el texto explicativo del video arte Estudio Erótico. Los visitantes parecen temer a la Tv. Ninguno quiere acercarse demasiado. El aparato emite un jadeo orgásmico, mientras muestra imágenes de un hombre y una mujer que, por separado, se hunden en movimientos que rayan en lo erótico y también en el absurdo.
“Tengo un humor muy negro. Eso me define mucho. En la obra juego con los temas de la sexualidad sin tomármelo muy en serio. Si estoy mostrando una insinuación sexual, no es por morbo, es porque me causa gracia. Tengo un humor muy negro, pero a la vez soy bien inocente en muchas cosas. Es así que me gusta juntar perversidad con inocencia”, dice Bedoya, quien abandonó el mundo del diseño por considerarlo muy apegado a lo comercial. Ahora él es un artista full time.
Los cabellos toman el museo
“Pueden pasar, ya estamos a punto de comenzar”, se oye desde el patio colonial del museo. “¿Aquí sí puedo meter a mis wawas?”, pregunta temerosa una de las mamás en la inauguración de la muestra. Poco a poco, niños y adultos ingresan en silencio hasta el lugar.
Allí, 54 cabelleras femeninas se han transformado en una obra de arte viva. El cabello de las mujeres —que se hallan recostadas de espaldas sobre una estructura de nueve niveles— cubre la totalidad del arco principal del repositorio.
Esta instalación/performance es la pieza principal de Ultra Madre. “Es una abstracción autobiográfica, utilizando el símbolo del cabello como un vehículo para la memoria. Es una cuestión efímera, al utilizar el cuerpo humano. Es una especie de escultura que no puede permanecer y eso se relaciona al tema del fallecimiento de mi madre cuando yo era todavía niño. He creado, a través de 54 cuerpos o cabelleras, una gran entidad viva que se unifica a través de un símbolo: el cabello”, explica.
Para el artista paceño, que ahora vive y trabaja en Nueva York (EEUU), el cuerpo es una agrupación de símbolos que derivan su significado del contexto social y cultural en el que existen.
“Nuestra relación con el cuerpo cambia a medida de que dichos símbolos son reconstituidos, reconfigurados o aislados. El cabello, en particular, ha jugado un importante papel en mi historia. Con Ultra Madre recontextualizado el cuerpo y el cabello como símbolos dentro de la arquitectura del Museo Nacional de Arte”, señala.
Las luces de los flashes despiertan la curiosidad de algunas de las mujeres que con sus cabelleras han formado esta entidad viva. Algunas intentan observar al público, pero de inmediato vuelven a permanecer inmóviles. Las texturas que conforman los mechones —entre ondulados y lacios— dan la impresión de estar ante un inmenso telar negro que es golpeado por el viento.
Un año y medio le tomó a Andrés Bedoya llevar adelante este proyecto, que se constituye en el segundo que el artista presenta en Bolivia. “Ha sido duro hacerlo”, confiesa. Las reacciones de la gente son variadas. Algunos, entre susurros, califican de loco al artista; pero la mayoría está en silencio dejando su imaginación volar.

lunes, agosto 17

Samuel, ese k'aima de la política

No hay nada que hacer, Samuel Doria Medina no tiene carisma, no enciende a la gente. Y no habrá ninguna millonaria inversión en propaganda o en asesores de marketing político que cambien esa realidad. Aún recuerdo el tremendo error de la anterior elección, cuando su equipo puso como lema de campaña "Samuel da la cara por Bolivia", que estupidez. Si cuando Doria Medina intenta sonreir, la pantalla lo muestra falso, cuando regala un abrazo, la pantalla lo devuelve frío y cuando intenta discursear, la pantalla lo muestra aburrido. Y no es que sea un mal tipo, simplemente es bien k'aima (sin sabor). Y eso, señores, no lo cambia ni Dios.
¿Me pregunto si él lo sabrá, o será que se deja mamar por algunos chupamedias que le están exprimiendo la billetera?
En la política es vital tener carisma y pegar en la gente. Puede que de tu propuesta no te crean ni mierda, pero quedarás grabado en el imaginario. Y por eso me temo que, una vez más, Doria Medina terminará mordiendo el polvo. Sí, quizás algún diputado obtendrá, pero ya su imagen estará tan desgastada que en la mente de la población quedará como "ese constante perdedor de elecciones". ¿No hubiera sido mejor esperar, como lo hizo Carlos Mesa?, pregunto.

lunes, julio 27

Dos mundos dialogan desde lo femenino

Javier Badani

Amal Ramsis detesta las fronteras, en especial las culturales. Es por eso que esta directora egipcia de cine impulsa hace dos años el proyecto “Entre Cineastas”, que busca, a través de la producción audiovisual de mujeres, tender puentes entre los mundos de habla hispana y árabe.
A partir del jueves 30, ese puente tocará Bolivia, primer país en Latinoamérica que proyectará las producciones del Ciclo “Entre Cineastas” 2009.
La muestra, que se exhibirá en la Cinemateca, reúne 13 documentales y películas de directoras provenientes de Egipto, Líbano, Siria, Jordania, España y Argentina. Además, el 4 de agosto se exhibirán, como parte del proyecto, cortometrajes de 20 mujeres paceñas, quienes participaron esta semana del taller de cine “Mujeres en Correspondencia”, que fue dictado por Amal Ramsis. Estas piezas serán apreciadas, luego, en países árabes y de América Latina.
“Pretendemos crear un espacio de intercambio y de conocimiento entre la cultura árabe y la cultura hispanoamericana. Buscamos también crear un espacio para dar voz a las directoras que con un cine alternativo a lo comercial nos muestran otras realidades. No es cine sobre mujeres, es cine hecho por mujeres sobre hechos que nos tocan a todos”, explica la directora, que estará presente en el ciclo con el documental Vida, producido este año.
Además de Ramsis, se tiene prevista la presencia de las cineastas Mais Darwaza (Jordania), Lucinda Torre (España) y Franca Gonzalez (Argentina). Las directoras participarán de los debates que se instalarán en la Cinemateca tras las proyecciones. Además, se buscará propiciar encuentros entre estas realizadoras y las profesionales bolivianas.

*FRAGMENTO DE LA NOTA PUBLICADA EN TENDENCIAS

lunes, julio 20

Dos peligrosos asesinos andan sueltos por La Paz

El centro histórico de La Paz se muere, señores. Le están matando lentamente, pero sin pausas. Sus asesinos están bien identificados y se pasean a diario por la Pérez Velasco, sin que a nadie le importe su presencia. Hormigón y cemento les llaman. Estos fríos criminales están al servicio de las autoridades de la Alcaldía de La Paz, quienes a nombre de la “modernidad” están acabando con el ajayu del casco viejo de esta ciudad.Le pregunto: ¿Ha reparado usted cómo la Pérez agoniza? Le invito a comprobarlo, a recorrer esa pasarela que sofoca, que aprisiona. A observar desde allí a los transeúntes caminar por las aceras de la avenida Mariscal Santa Cruz. Yo los vi. Pasan apurados por este lugar, por este espacio que otrora les servía como un punto de encuentro y de punto de partida para la protesta. Ahora pasan de largo. Y quizás, sin darse cuenta, escapan de esa mancha gris donde la mirada sólo halla cemento y hormigón. Lo humano ya no importa aquí.El colorido que distinguía a esta zona ha dado paso a muros de concreto que, por ejemplo, dividen a la avenida Mariscal Santa Cruz, cual muro de Berlín. Dos aceras que antes dialogaban, ahora parecen ser enemigas.Al detenerse al medio de la pasarela de la Pérez, no se puede dejar de añorar el pasado. “Era caótico”, dirán algunos. “Un desorden total”, exclamarán otros. Y quizás a una parte de la población le gustará ver ese nuevo rostro “europeizado”. Allá ellos. Prefiero guardar en la retina la llegada a la Pérez desde la autopista. Ser recibido por esa explosión de tonalidades. Aquellos toldos de hules rojos, azules y amarillos luchando por robarse la atención con la imponente arquitectura de la iglesia de San Francisco. Y antes de llegar a la Basílica, observar a los vendedores de flores y de libros usados codeándose bajo el aroma de los sándwiches de chorizo del Merlan (Mercado Lanza). Ahora, un mamotreto de concreto llamado mercado Lanza acabará con todo ello. Todo “un terrorismo cultural”, como diría ese c’hukuta de cepa como lo es el Manuel Monroy Chazarreta. Es paradójico que en Europa busquen preservar la esencia del pasado, y aquí, por el contrario, contratamos a dos asesinos para acabarlo.
JAVIER BADANI, periodista
Publicado en la Columna Sindical de La razón

lunes, julio 13

UN INVENTO BOLIVIANO LLEGA A LA FILARMÓNICA DE BERLÍN

Una fábrica de ideas. Así se puede definir a Gerardo Yáñez. Compositor de unas 300 piezas e inventor de al menos una veintena de instrumentos musicales, este paceño de 55 años marcará el 14 de enero del 2010 un nuevo hito en la historia de la música boliviana. Ese día su talento se lucirá en uno de los escenarios más importantes de Europa: la Filarmónica de Berlín.
Yáñez será el primer artista del país en llegar a este teatro alemán con composiciones propias y con el aporte melódico de la viola profonda, instrumento que este boliviano diseñó y construyó para complementar los cuartetos de cuerda de las orquestas sinfónicas.
“La viola profonda es el instrumento más universal que he creado hasta el momento. Complementa y revoluciona la composición melódica dentro de las orquestas sinfónicas. Ya ha sido probado por solistas europeos y aprobado por los entendidos en la materia”, asegura el impulsor del Grupo Chacaltaya, ensamble que desde Europa propone hace décadas un diálogo entre la música universal y la andina.
Yáñez explica que la actual estructura de los ensambles sinfónicos, —violín 1, violín 2 y chelo— está incompleta. “Los violines son sopranos, la viola es contraalto y el chelo es bajo. Entonces faltaba en esta estructura el instrumento tenor. Es allí donde entra la viola profunda, un instrumento que se buscó desde 1650”, asegura el artista.
Amante de la música en todos sus géneros —su veta creadora ha tocado lo autóctono, lo mestizo (morenadas), lo contemporáneo, lo sinfónico y lo coral—, este compositor nacional ya ha probado anteriormente la valía de sus innovaciones musicales. Yáñez ha venido cromatizando desde los años 80 los instrumentos del país, con el objetivo de introducirlos a la sonoridad universal. Esto significa ampliar su gama de tonalidades; de los cinco a siete característicos, hasta los 12 tonos.
Ácido crítico del manejo de las instituciones de educación artística de Bolivia, Yáñez se considera un “exiliado cultural”. “Vivo y trabajo en Alemania, porque mi país no me ofrece apoyo para desarrollar y compartir mi talento”, se queja, mientras sueña con un nuevo instrumento: el piano natura.

TEXTO: JAVIER BADANI, PUBLICADO EN LA REVISTA TENDENCIAS