viernes, marzo 8

"LAS CULINARIAS", AGITADORAS DE POLLERA


Directiva del Sindicato de Culinarias (1937). A la izquierda Rosa R. Calderón junto a Peta Infantes.
Una prohibición municipal gatilló en 1935 el nacimiento de uno de los movimientos más emblemáticos en la historia de la lucha de las mujeres bolivianas por la reivindicación de sus derechos: el Sindicato de Culinarias. Conformada por trabajadoras asalariadas del hogar, la lucha de esta organización inspiró la creación de varios sindicatos de mujeres y condujo al resurgimiento de la Federación Obrera Femenina (FOF). Durante 20 años, "Las Culinarias" libraron un sinfín de batallas. La mayor, sin duda, fue en contra de la discriminación de la burguesía paceña de comienzos del siglo XX, que mantenía al campesino bajo prácticas de esclavitud.
Olvidadas por la historia oficial, rescato su historia, la que germinó nada menos que en los tranvías de La Paz, en los años 30.

Pero antes, comparto algunos titulares de la época del impreso La Calle, que ayudarán a tener una idea del contexto en el que se desenvolvía el trabajo de las “sirvientas”.

“Porque no hizo una sabrosa huarjata, recibió nutridos palos la cocinera”. 
(10 de agosto de 1940).
“Una criatura es salvajemente flagelada por su patrona”. 
(1 de junio de 1939).
“Entre otros sistemas de castigo, una cruel patrona aplicó el de la plancha caliente”.
 (13 de julio de 1940).

Y como éstas, decenas de noticias dan cuenta sobre las vulneraciones a los derechos de las mujeres (mayormente migrantes del área rural) que trabajaban como “sirvientas” en las casas de la burguesía paceña. El libro Agitadoras de buen gusto (Ana Cecilia Wadsworth/Ineke Dibbits; 1989) –obra de la cual se sacan los datos del presente texto- recupera el testimonio de Exaltación Miranda: “La gente rica nos ultrajaba mucho a nosotras. Siempre nos trataban de india, de chola. Nosotras en esos tiempos no podíamos entrar ni al cine, porque decían que somos de pollera. Cuando una es joven, siempre tiene amigas; salíamos a pasear con amigas y nos acercábamos a una heladería a tomar un heladito y nos decían que no había servicio para nosotras”.

Entonces el único medio de transporte masivo urbano en La Paz era el tranvía. El vehículo estaba dividido en primera y segunda clase. Esta última estaba destinada al “populacho”, que no podía ingresar a primera clase.
“La primera clase era para las amas de casa, las señoras de vestido. La segunda clase era para la pollera: las cholas. Cuando iban juntas al mercado, la ama de casa iba en primera y la cocinera en segunda”, recordaba Tomasita.
Esta segregación era insostenible debido al tamaño del sistema de tranvías paceño. Sin embargo, la discriminación halló nuevas formas de manifestación. El 31 de julio de 1935, atendiendo el reclamo de “las señoras”, la municipalidad paceña decidió restringir el ingreso a los tranvías de mujeres de pollera que cargaran bultos.

El Diario (31 de julio de 1935)
Evitarse las infecciones en los tranvías
Queda terminantemente prohibido permitir la subida a los coches con cualquier bulto voluminoso que pueda entrar en contacto con los demás pasajeros, así como las personas con muestras visibles de desaseo o cuyas ropas puedan contaminar a los demás pasajeros o despidan mal olor. Cualquier pasajero tendrá derecho de exigir que los cobradores hagan salir del coche tales personas
Los motoristas están obligados a abrir en las paradas la puerta del lado de la acera, para que por ella salgan y entren los pasajeros que corresponden a su lado, quedando prohibido que los de Segunda clase pasen por el departamento de Primera Clase y recíprocamente.
Firmado V. Burgaleta, Ingeniero-Director

“De repente, un día estaba yendo al mercado y no nos han dejado subir al tranvía; las señoras nos decían: ´¡Estas cholas con sus canastas nos rasgan las medias!´, narraba Petronila Infantes (doña Peta), una de las fundadoras del Sindicato de Culinarias.
La indignación por la medida edil fue creciendo entre las mujeres de la “clase popular” y llegó hasta los mercados. “¿Qué vamos a hacer?, estábamos hablando así en la recova. Don José Mendoza me decía: ‘tienen que organizarse en un sindicato’. No teníamos local; entonces en el mercado nomás nos reuníamos. Hacíamos lo imposible para salir de las casas (donde trabajaban). Cuando venían los soldados nos decían que nos retiremos. Unos compañeros han proporcionado un cuarto, pero ¿de dónde íbamos a entrar pues todas? ¡Hartas éramos! Así hemos fundado el Sindicato de Culinarias, el 15 de agosto de 1935”, señalaba doña Peta.

El Diario (21 de agosto de 1935)
Petición de las culinarias
“El gremio de culinarias ha solicitado mediante un atento memorial que se deje sin efecto la prohibición que había dictado el Concejo para que aquellas ingresen a los tranvías urbanos”.
Reconocidas por la desaparecida Federación Obrera Local (FOL), las mujeres del Sindicato de Culinarias perdieron el miedo y llegaron hasta las puertas de la municipalidad, como narró doña Petra. “Cocineras, cholas, medias cholas… llenita la municipalidad, había cientos de mujeres. Yo me sé llorar, todas querían entrar para conocer al director (Burgaleta). A mí me daba pena: ‘yo, ¿qué cosa soy?’, me decía. Una comisión ha entrado y hemos dicho: ‘¿por qué no podemos subir a los tranvías cuando los tranvías están para las cholas, para las empleadas?, no para las señoras; las señoras ocupan automóviles, el tranvía es para las que trabajamos’”.

La República (24 de agosto de 1935)
Las protestas  y manifestaciones  de las culinarias  organizadas  no fueron  en vano. Finalmente  ellas ganaron  la pelea.   Las autoridades  resolvieron que nuevamente  podían trasladarse  en el tranvía.

El Diario (28 de agosto de 1935)
Impartiose nuevas instrucciones a la Power de Tranvías de La Paz
“No debe prohibirse radicalmente la entrada de bultos sino que el buen criterio de los cobradores debe apreciar cuando tales bultos puedan manchar a los demás pasajeros u ocupar el espacio de éstos, prohibiendo entonces su entrada”.
La victoria del Sindicato llamó la atención de la sociedad paceña, pero en especial de las mujeres de clases populares quienes se aproximaron a sus oficinas, en la Rodríguez, para pedir ser parte de la organización. Floristas, vendedoras de mercado (ambos gremios se inspiraron en “Las Culinarias” para fundar luego sus propios sindicatos) y otras se sumaron al movimiento. Desde sectores conservadores de la burguesía, sin embargo, se empezó a acusar a las dirigentes de “socialistas”.

“El sindicalismo le ha perjudicado a mi mamá; nunca ha podido ser antigua en una sola casa. Siempre decía: ‘no me dan permiso para la reunión (del Sindicato), no me dejan, yo tengo que ir. Así que ella hacía su salida’”, contaba Chela Salas, hija de Petronila.

Una nueva lucha fue ganada ese mismo año, cuando la Policía de Higiene intentó obligar a las trabajadoras del hogar a sacar un carnet de sanidad para trabajar en las casas de la burguesía. Las “empleadas” debían desnudarse completamente para ser examinadas. Con amenazas de “huelguerizarse” y movilizaciones varias, “Las Culinarias” derrotaron esa medida.

Del hora del declive
Las integrantes del Sindicato de Culinarias realizaban colectas de un centavo para los trámites oficiales del Sindicato, uno de ellos fue pedir a las librerías, mediante oficios, libros para armar su biblioteca. “Las compañeras se interesaban, querían leer. Muchas no sabíamos leer. Muchas cosas hemos aprendido, a entrar a una oficina, cómo se habla, cómo se presenta… como una escuela era, pues”, explicó doña Natividad.

La lucha sindical terminó con dirigentes apresadas. “Una de esas veces se ha muerto la compañera Francisca. Estaba enferma siempre; las celdas son frígidas y húmedas y, además, intencionalmente la vaciaron con agua y con esa humedad tenía que estar. Todo eso le ha hecho mal”.

Uno de los logros más importantes del Sindicato de Culinarias se realizó en 1941, cuando, mediante una petición a la Cámara de Diputados, se logró concretar la construcción de casas-cunas gratuitas para que "Las Culinarias" puedan dejar a sus wawas mientras trabajaban.

El Sindicato de Culinarias fue pilar fundamental en el resurgimiento de la Federación Obrera Femenina (e incluso del potenciamiento de la Federación Obrera Local), venida a menos tras la Guerra del Chaco. Y por ende, se puede asegurar que su presencia marcó un hito en la lucha de las mujeres bolivianas por el reconocimiento de sus derechos. 

El Sindicato de Culinarias logró el reconocimiento de derechos fundamentales en una época marcada por la discriminación y el machismo cerrado. Su lucha llegó a su fin en los últimos años de la década del 50. Factores internos y externos, como la arremetida del régimen de Barrientos que atropelló el fuero sindical, marcaron el final de esta organización. Hoy esa lucha ha sido retomada por la Federación Nacional de Trabajadoras del Hogar.

* Datos y fotos de este texto: Agitadoras de buen gusto. Historia de Sindicato de Culinarias (1935-1958).

Lecturas relacionadas

6 comentarios:

Minny Medina dijo...

Aclaro Es Doña PETA...
Petronila Infantes mi valerosa y luchadora Bis abuela...
Una BIRCHOLA... que dejo el vestido para vestir la pollera con orgullo y así poder conseguir trabajo.
gracias por la publicación me alegra saber que aún hay gente que no olvida la lucha y esfuerzo de estas valerosa mujeres

Minny Medina dijo...

La hija de Petronila Infantes era Alicia Pedraza, otro dato para cu conocimiento

Bolivia: Los últimos sonidos de la Amazonia dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
javierbadani@gmail.com dijo...

Gracias, corrijo el error.

Anónimo dijo...

You are a very intelligent individual!
Stop by my blog ... blogspot.co.uk

Mirna dijo...

Siempre me pareció muy pertinente ponerme a analizar la ropa que tenía la gente en aquellos años, por eso me dedico al diseño de modas y me gusta rescatar ciertos rasgos interesante, espero que alguna vez puedan ver mi colección de ropa de mujer por mayor