martes, diciembre 30

LAS BOMBAS DE LA INTOLERANCIA

Lama y Haya. Esos son los nombres de las más recientes víctimas del odio. Las hermanas (foto)fueron alcanzadas por un misil israelí mientras dormian. La sangrienta ofensiva de las fuerzas militares israelitas contra Gaza han causado la muerte hasta ahora de 370 palestinos, entre ellos menores de edad.
Paradojas de la vida, aquellos que sufrieron en carne propia los horrores de la intolerancia —por ejemplo en los campos de concentración de exterminio— ahora son los abanderados de ella.
Y dentro de algunos meses, cuando las cámaras dirijan su atención a otras noticias más rentables, ¿quién recordará los nombres de los muertos por las bombas de Gaza, los de Lama y Haya, por ejemplo? Quiza sólo sus padres, dos campesinos que ahora perdieron sus únicos retoños y con ellos, sus propias vidas.

domingo, diciembre 21

The Beatles, más famosos que Jesucristo

Según el Vaticano, al fin podremos morir en paz. Me refiero a aquellos seguidores del talento inmortal de The Beatles. La Iglesia Católica anunció su decisión de perdonar a John Lennon por declarar que el grupo de Liverpool era más famoso que el propio Jesucristo. Me pregunto, ¿cómo habrá reaccionado Lennon, allá en su nube, al conocer esta noticia? De seguro igual que sus fans. Digo, a quién carajo le interesa que luego de 40 años la Iglesia haga semejante declaración: "Después de muchos años, el comentario de Lennon suena como la típica jactancia de un joven obrero inglés cegado por un éxito inesperado y alentado por ver crecer la leyenda de Elvis y el Rock'N'Roll", señala el texto eclesial..., Una divina estupidez, én mi humilde opinión.
Más bien, porque el clero eclesial no explica y pide perdón a la humanidad por haber apoyado a regímenes dictatoriales y por ocultar los abusos sexuales a menores por parte de sus sacerdotes. Sepan que por esos errores, y por millones más, The Beatles son, para muchos, más famosos que el Jesucristo católico.

miércoles, diciembre 17

JUAN DEL GRANADO ODIA A LOS AMANTES

¿Quién no hizo el amor en algún recoveco de las frías venas paceñas? Pues ahora estoy seguro de que el alcalde Juan del Granado forma parte de aquellos mamotretos que no disfrutaron de este placer carnal-urbano. ¿Qué cómo lo sé? Gracias al testimonio de un amigo que la anterior semana terminó derrotado después de recorrer infructuosamente las calles y avenidas paceñas en busca de algún rinconcito oscuro donde poder hacer el amor a su pareja. Al final, ambos terminaron cansados, pero por la caminata y no así por una sudorosa lucha cuerpo a cuerpo. "Todas las calles de nuestra juventud ahora parecen estadios de fútbol por tanta iluminación", se quejó el desdichado hombre, que al final mató el deseo en su baño, a la mexicana (hola, mano). Su periplo se había iniciado en El Montículo, otrora el mítico refugio de los amantes de Sopocachi, y terminó en Cota Cota.
Parece que las parejas "secretas" de esta ciudad tendrán que quedar eternamente sedientas si es que no cuentan con el dinerín para el aloja.
Con todo, mi amigo tiene su propia teoría. "O el muy cabrón del Sin Miedo odia a los amantes por llenar de extraños líquidos pasionales sus jardines, o es que es dueño de un motel".

miércoles, diciembre 10

El "Tamayazo"

¿Bajo qué criterios se puede calificar de buena o de mala una creación literaria, en especial bajo la luz de un concurso? No hay duda de que esta pregunta, como sus posibles respuestas, están bajo el manto de la subjetividad. Al final de cuentas, lo que es bueno y lo que no lo es se concibe en la mente de cada individuo de acuerdo a sus propias vivencias y valores.
Esa subjetividad, sin embargo, se fundió con un desgastado purismo y una imprudencia total para al final hundir al jurado del Premio Nacional de Cuento Franz Tamayo, que hace un par de semanas declaró desierto el máximo galardón de este concurso en su más reciente versión.Que las 150 obras enviadas al concurso no hayan alcanzado los requisitos mínimos de un relato, es posible. Pero ello no puede dar pie a un jurado de atribuirse el derecho de denigrar por todos los vientos la calidad de dichas obras. Su misión era elegir un cuento ganador. Si no lo hubo, se debió declarar desierto y nada más. Las explicaciones, fuera del documento final, estaban demás. Parece que se olvidaron que en boca cerrada no entran moscas.
"¿Decir que algo es malo, es ser ególatra?"
"Siempre va a haber gente que mande bodrios a los concursos".
"Los bolivianos seguimos siendo provincianos".
"Leer 150 cuentos sin ser pagado, es demasiado trabajo".
"¡Tengo derecho a voz; no por ser del jurado no voy a poder expresar mi opinión!”

Estas frases terminaron de hundir al respetable jurado que ya había mostrado su calidad al recomendar, a pesar de declarar desierto el premio, la publicación de unos nueve cuentos, pero sólo si estos pasaban primero por una buena edición. Me pregunto, ¿qué habrán pensado los autores de aquellos cuentos que fueron elegidos por el magno tribunal de las letras al ver su obra tildada de mediocre en los medios impresos? (De la que me salvé, por tener un cuento más cojudo aún). Aún más, ¿quién se animaría a publicar o a comprar una publicación que incluya estos relatos con semejante publicidad previa?
No deja de llamar la atención, además, que al menos dos premios nacionales ni siquiera hubieran sido elegidos en esta triste lista de mediocridad.
Con todo, bajo la iniciativa de Yerba Mala Cartonera y el centro de estudiantes de Literatura, esta semana culminó el concurso paralelo Los Destamayados: los cuentos menos cojudos del Franz Tamayo, por así decirlo. Las obras Claustrofobia (de mi cosecha) y Un perro con suerte resultaron ganadores, a través de un sondeo por internert en el cual salieron empatados.Los cartoneros ya lanzaron el libro con los relatos que participaron de este singular concurso. Ahora, serán los lectores nuestro mayor tribunal. Después de todo, a ellos sólo les arropa la subjetividad. Los purismos y el desatino ya demostraron tener dueño.
Javier Badani
Escritor de cuentos cojudos, a mucha honra

lunes, diciembre 8

LLANQUIHUE, AIRES ALEMANES EN CHILE

Texto y fotos: Javier Badani Ruiz

Una casa con escamas se alza en la esquina de las calles Klenner y Turismo. Una sobre otra, las láminas de madera cubren su estructura y remontan al observador a la campiña europea del siglo XIX. Sin embargo, es la ciudad de Puerto Varas, al sur de Chile, la que resguarda hace más de un siglo a la añeja casona.
La historia de esta edificación está ligada a las vivencias del primer grupo de colonos alemanes que a mediados del 1800 llegaron a América para poblar la entonces deshabitada e inexplorada provincia Llanquihue, en la región (departamento) de Los Lagos.
No hay chileno que no infle de orgullo el pecho a la hora de hablar de esta zona, rodeada de volcanes, lagos, fiordos (valles excavados por glaciares), cascadas e islas. “Es la más bella del mundo”, susurra el taxista en el aeropuerto de Puerto Montt, puerta de ingreso a Llanquihue.
Y claro, sólo basta andar las calles de sus nueve comunas (municipios) —pintadas cual arco iris por un sinfín de especies florales y resguardadas por la arquitectura de madera de los colonos— y visitar la pintoresca área rural para sumarse a ese coro de voces.
Son las 20.30 y el sol parece no querer perderse la vista que a la distancia regala en Puerto Varas el volcán Osorno. El nevado, con su cono perfecto, parece flotar sobre las aguas del lago Llanquihue, el segundo más grande de Chile con sus 86.000 hectáreas de superficie.

La colonización
Fue bajo el gobierno de Manuel Bulnes que se sentaron las bases de la colonización alemana en el sur chileno. Preocupados por sentar presencia en este territorio, las autoridades del vecino país delegaron al joven Bernardo Philippi, un inquieto viajero alemán, la misión de impulsar la migración germana hacia el sur.
Hasta 1875, cerca de un centenar de navíos zarparon desde Hamburgo en una travesía de cinco meses. La mayor parte de los pasajeros eran campesinos alemanes que cargaban con ellos sus herramientas de trabajo y una fe, la luterana, que en Europa era resistida violentamente por fundamentalistas católicos.
Los inmigrantes se asentaron a lo largo de la cuenca del lago Llanquihue, bajo la imponente presencia del volcán Osorno. Unas cuantas comunidades de la etnia chiloé habitaban el lugar.
Con los años, ambas culturas se fusionaron. Así se evidencia, por ejemplo, en la arquitectura que los colonos desarrollaron en la provincia Llanquihue. Los alemanes aprendieron de los chiloé a extraer la madera del árbol alerse sólo durante los meses que no tienen la “r” (enero, febrero, marzo, abril) para así garantizar la durabilidad de la estructura.
Pliegue por pliegue, tal cual las escamas de un pez gigante, los colonos construyeron con las tejas de alerse el entramado de sus viviendas.
Herencia germana
El aroma de las magnolias, las hortensias y las centaureas, que alegran los amplios jardines de la comuna de Frutillar, donde la mayoría de los habitantes son descendientes de los colonos europeos y aún hoy mantienen las tradiciones culinarias características de la antigua alemania. Kuchenes, tartaletas y strudeles de frambuesa, arándano y amapola, entre las varias opciones que brinda esta tierra frutícola, son la oferta cotidiana en las cafeterías de esta localidad sureña.
Frutillar es el hogar del repositorio más importante en Chile destinado a los primeros colonos europeos que llegaron a este país. El Museo Colonial Alemán recrea en tres hectáreas la forma de vida de los migrantes europeos y devuelven al visitante a los años de la colonización, a través de los estrechos senderos de tierra que están bañados por el aroma y pétalos de flores.
A las 21.30, el sol comienza a perder la batalla contra la noche. En el horizonte, entretanto, aún se impone el volcán Osorno. Con sus 2.652 metros, el nevado es testigo una vez más de una nueva oleada de europeos que llega, ahora como turistas, hasta Llanquihue. Los visitantes, gran parte alemanes, disfrutan de los paisajes de ensueño y de las actividades como la pesca del salmón, el esquí acuático y el montañismo.

EMPATE LITERARIO

Ganadores de los Destamayados
Creo que los ganadores del concurso no son en realidad "Un perro con suerte" y "Claustrofobia", que salieron empatados; los ganadores de este concurso sui generis son las personas que leyeron los cuentos. Por tal razón el premio fue simbólico. Pero una promesa es tal y el centro de estudiantes de Literatura esperará a los dos ganadores, Harold Villegas, alias Imago, por "Un perro con suerte" y Javier Badani, alias Erasmo, por "Claustrofobia" si es que son de La Paz, hoy lunes en el Etno Café para hacerles entrega de la caja de cerveza. Si es que no se encuentran en La Paz, comuníquense al correo yerbamalacartonera@gmail.com