miércoles, julio 24

LOS SUEÑOS DE NATALIA

"Si uno sueña la misma cosa dos veces, ¿el sueño se hace realidad?". Últimamente Natalia (10) me sale con unas preguntas que demuestran lo insignificante que soy ante las inquietudes infantiles. Días después me daría cuenta que mi torpe respuesta -bañada en las atribuladas aguas del ser adulto- había terminado por derrumbar las esperanzas de Natalia. 
Un par de días después se develarían los sueños. Parecían haber salido de una película de ficción, pero estaban alimentados por su anhelo de volver a ver a Franco, un ex compañero de curso que había cambiado de colegio. 
"La Kassandra (hermana) y yo éramos como extraterrestres. Éramos verdes y no teníamos ojos. Pero cuando aparecía el Franco, nos salía un ojo gigante en la cara y éramos felices."
Quería llorar. Recordé la secante respuesta que días antes le había lanzado sobre si los sueños se pueden hacer realidad: "Nada que ver. Mejor dedícate a tu tarea", increpé.
Esas palabras habían enterrado sus sueños y, peor aún, casi cierran la pequeña ventana de confianza que mi hija me había abierto para fortalecer nuestra relación de amigos. Era yo quien había torpedeado ese fundamental lazo. Y es que son precisamente esas pequeñas (para nosotros) inquietudes infantiles las que nos ofrecen una oportunidad única de conocer las tribulaciones de nuestros hijos y de empaparlos con los valores que defendemos. 
Me sentía un idiota, pero igual agarré las manos de Natalia y de Kassandra y comenzamos a caminar intercambiando sueños. Los míos, para variar, resultaron ser los más aburridos. 
Esta noche intentaré volar hacia mi niñez para intentar recuperar esos sueños que fueron sepultados por la idiota adultez.

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