lunes, julio 27

Dos mundos dialogan desde lo femenino

Javier Badani

Amal Ramsis detesta las fronteras, en especial las culturales. Es por eso que esta directora egipcia de cine impulsa hace dos años el proyecto “Entre Cineastas”, que busca, a través de la producción audiovisual de mujeres, tender puentes entre los mundos de habla hispana y árabe.
A partir del jueves 30, ese puente tocará Bolivia, primer país en Latinoamérica que proyectará las producciones del Ciclo “Entre Cineastas” 2009.
La muestra, que se exhibirá en la Cinemateca, reúne 13 documentales y películas de directoras provenientes de Egipto, Líbano, Siria, Jordania, España y Argentina. Además, el 4 de agosto se exhibirán, como parte del proyecto, cortometrajes de 20 mujeres paceñas, quienes participaron esta semana del taller de cine “Mujeres en Correspondencia”, que fue dictado por Amal Ramsis. Estas piezas serán apreciadas, luego, en países árabes y de América Latina.
“Pretendemos crear un espacio de intercambio y de conocimiento entre la cultura árabe y la cultura hispanoamericana. Buscamos también crear un espacio para dar voz a las directoras que con un cine alternativo a lo comercial nos muestran otras realidades. No es cine sobre mujeres, es cine hecho por mujeres sobre hechos que nos tocan a todos”, explica la directora, que estará presente en el ciclo con el documental Vida, producido este año.
Además de Ramsis, se tiene prevista la presencia de las cineastas Mais Darwaza (Jordania), Lucinda Torre (España) y Franca Gonzalez (Argentina). Las directoras participarán de los debates que se instalarán en la Cinemateca tras las proyecciones. Además, se buscará propiciar encuentros entre estas realizadoras y las profesionales bolivianas.

*FRAGMENTO DE LA NOTA PUBLICADA EN TENDENCIAS

lunes, julio 20

Dos peligrosos asesinos andan sueltos por La Paz

El centro histórico de La Paz se muere, señores. Le están matando lentamente, pero sin pausas. Sus asesinos están bien identificados y se pasean a diario por la Pérez Velasco, sin que a nadie le importe su presencia. Hormigón y cemento les llaman. Estos fríos criminales están al servicio de las autoridades de la Alcaldía de La Paz, quienes a nombre de la “modernidad” están acabando con el ajayu del casco viejo de esta ciudad.Le pregunto: ¿Ha reparado usted cómo la Pérez agoniza? Le invito a comprobarlo, a recorrer esa pasarela que sofoca, que aprisiona. A observar desde allí a los transeúntes caminar por las aceras de la avenida Mariscal Santa Cruz. Yo los vi. Pasan apurados por este lugar, por este espacio que otrora les servía como un punto de encuentro y de punto de partida para la protesta. Ahora pasan de largo. Y quizás, sin darse cuenta, escapan de esa mancha gris donde la mirada sólo halla cemento y hormigón. Lo humano ya no importa aquí.El colorido que distinguía a esta zona ha dado paso a muros de concreto que, por ejemplo, dividen a la avenida Mariscal Santa Cruz, cual muro de Berlín. Dos aceras que antes dialogaban, ahora parecen ser enemigas.Al detenerse al medio de la pasarela de la Pérez, no se puede dejar de añorar el pasado. “Era caótico”, dirán algunos. “Un desorden total”, exclamarán otros. Y quizás a una parte de la población le gustará ver ese nuevo rostro “europeizado”. Allá ellos. Prefiero guardar en la retina la llegada a la Pérez desde la autopista. Ser recibido por esa explosión de tonalidades. Aquellos toldos de hules rojos, azules y amarillos luchando por robarse la atención con la imponente arquitectura de la iglesia de San Francisco. Y antes de llegar a la Basílica, observar a los vendedores de flores y de libros usados codeándose bajo el aroma de los sándwiches de chorizo del Merlan (Mercado Lanza). Ahora, un mamotreto de concreto llamado mercado Lanza acabará con todo ello. Todo “un terrorismo cultural”, como diría ese c’hukuta de cepa como lo es el Manuel Monroy Chazarreta. Es paradójico que en Europa busquen preservar la esencia del pasado, y aquí, por el contrario, contratamos a dos asesinos para acabarlo.
JAVIER BADANI, periodista
Publicado en la Columna Sindical de La razón

lunes, julio 13

UN INVENTO BOLIVIANO LLEGA A LA FILARMÓNICA DE BERLÍN

Una fábrica de ideas. Así se puede definir a Gerardo Yáñez. Compositor de unas 300 piezas e inventor de al menos una veintena de instrumentos musicales, este paceño de 55 años marcará el 14 de enero del 2010 un nuevo hito en la historia de la música boliviana. Ese día su talento se lucirá en uno de los escenarios más importantes de Europa: la Filarmónica de Berlín.
Yáñez será el primer artista del país en llegar a este teatro alemán con composiciones propias y con el aporte melódico de la viola profonda, instrumento que este boliviano diseñó y construyó para complementar los cuartetos de cuerda de las orquestas sinfónicas.
“La viola profonda es el instrumento más universal que he creado hasta el momento. Complementa y revoluciona la composición melódica dentro de las orquestas sinfónicas. Ya ha sido probado por solistas europeos y aprobado por los entendidos en la materia”, asegura el impulsor del Grupo Chacaltaya, ensamble que desde Europa propone hace décadas un diálogo entre la música universal y la andina.
Yáñez explica que la actual estructura de los ensambles sinfónicos, —violín 1, violín 2 y chelo— está incompleta. “Los violines son sopranos, la viola es contraalto y el chelo es bajo. Entonces faltaba en esta estructura el instrumento tenor. Es allí donde entra la viola profunda, un instrumento que se buscó desde 1650”, asegura el artista.
Amante de la música en todos sus géneros —su veta creadora ha tocado lo autóctono, lo mestizo (morenadas), lo contemporáneo, lo sinfónico y lo coral—, este compositor nacional ya ha probado anteriormente la valía de sus innovaciones musicales. Yáñez ha venido cromatizando desde los años 80 los instrumentos del país, con el objetivo de introducirlos a la sonoridad universal. Esto significa ampliar su gama de tonalidades; de los cinco a siete característicos, hasta los 12 tonos.
Ácido crítico del manejo de las instituciones de educación artística de Bolivia, Yáñez se considera un “exiliado cultural”. “Vivo y trabajo en Alemania, porque mi país no me ofrece apoyo para desarrollar y compartir mi talento”, se queja, mientras sueña con un nuevo instrumento: el piano natura.

TEXTO: JAVIER BADANI, PUBLICADO EN LA REVISTA TENDENCIAS

lunes, julio 6

HOSPITAL OBRERO, UN ROMPECABEZAS IRRESUELTO

El destino reúne a seis personajes variopintos en la sala 501 del Hospital Obrero. Cinco de ellos pasan el medio siglo de vida. Y es allí donde la amistad se transforma en una herramienta de sanación. Ese, a grandes rasgos, es el argumento de Hospital Obrero, película de Germán Monje. El guión pertenece a este joven realizador y a Juan Pablo Piñeiro (guionista de Sena/Quina).
Escribo estas palabras no como crítico de cine, porque no tengo el conocimiento requerido para igualar a un experto en cinematografía. Escribo como un simple espectador más.
Y como tal debo confesar que desde mi butaca me impresionó la actitud que muestran en el filme el jubilado del magisterio Omar Duranboger (protagonista, en el papel de Pedro Murillo), el taxista Carlos Andrade (El Profe, ex entrenador de fútbol), el jubilado bancario Antonio Mendieta (Wálter Paco) y el operador de radiotaxi Martín Joffré (El Camba). Todos ellos pasan los 50 años de vida y se estrenan con este trabajo en el arte escénico, a excepción de Mendieta (El corazón de Jesús). Las debilidades actorales características de la falta de experiencia son superadas por el empeño que estos hombres pusieron en el set. De todos ellos, me quedo con la actuación de Duranboger y de Andrade.
Desde mi butaca también quedé sorprendido por el trabajo en fotografía del filme, donde destacan las vistas en blanco y negro de los recovecos del Hospital Obrero, de las laderas de La Paz y de aquel Illimani que de tanto verlo a veces deja de ser admirado por los propios paceños. La música realizada por la agrupación Reverso también debe ser aplaudida y disfrutada a través del CD que fue lanzado.
El problema radica en el guión. Ninguno de los personajes llega a consolidarse en el imaginario del espectador, y es —desde mi punto de vista— debido a esta debilidad. El kallawaya y del funcionario bancario, por ejemplo, quedan como un simple accesorio (¿Qué pasa con Wálter Paco... vuelve su mujer, muere él?). Y así, la historia de la mayoría de los personajes no tiene resolución. El Camba parece una caricatura del verdadero habitante del oriente. La riqueza del lenguaje criollo de los paceños de la tercera edad brilla por su ausencia. El juego del rompecabezas para desarrollar las escenas del filme se hacen a ratos confuso. La reconciliación al final de la película de El Camba con su hija (Soledad Ardaya) —la que trabaja en el hospital— no convence ni conmueve, primordialmente por que este proceso es violento —luego de 30 años de resentimiento, un dibujo hecho por ella de niña rompe como arte de magia el rencor hacia el padre que la abandonó— y porque se optó por utilizar un plano general, antes de primeros planos de los protagonistas, lo que le quitó emoción a la escena.

Y también están las ausencias: ¿Dónde está aquella enfermera característica de los hospitales, de carácter fuerte y que lidia con destreza con los pacientes?, por ejemplo.
A pesar de ello, Hospital Obrero es una película que hay que ver. Y para quedar sorprendido por aquellos personajes cotidianos de La Paz que cuentan con un talento innato para la actuación y con una La Paz que seguro no tiene par en el mundo.

viernes, julio 3

UNA JOYITA DE ÓSCAR GARCÍA SOBRE EL "MAICOL"

Yo, Maicol Yacson Arrieta Pacasa, soltero, estudiante de administración de empresas, digo: No sé bailar. Al menos no bien. Una vez intenté hacer el paso para atrás pero salió mal. Casi como lo del ferrocarril Arica-La Paz. Otra vez, en la fiesta de la primavera de hace unos años, dí unas vueltas bailando y me he mareado. Soy medio grueso de cuerpo, nunca he sido churco de pelo. Me he hecho base, eso si, como corte de Echeverry ha salido. Me gusta el reggaetón y las villeras. Con mi base en mi cabeza se movían mis falsos churcos haciendo juego con las bolas de la disco. Soy Maicol y eso nadie me quita.
He nacido en Munaypata, no soy ni blanco ni negro ni nada. Mestizo dice. Hay veces me he puesto zapato negro, pantalón medio corto y media blanca. Orgulloso salía así, de noche. Quería ponerme también uniforme de militar antiguo pero como no había he usado a veces una parca camuflada. No era igual como en los videos pero parecido. No importa, ahistá el Maicol decían.
Una vez con mis amigos y unas amigas he hecho un gritito y un pasito. Me he puesto sombrero, me he tropezado, se ha caído los vasos, se ha derramado el trago. Ahistá el Maicol han dicho.
El otro día creí que me había muerto pero no era yo. Me he pellizcado. Casi lloro. He escuchado la canción que dice Ben, la, la, la, la, la, la mai Ben. Siempre pensé que era ven con ve y no con be. Igual he tarareado la canción y me ha salido una lágrima.
Dice que hay en la China hartos que se llaman igual que yo pero en chino. Entonces digo, si uno nomás se ha muerto, entonces no se ha muerto el nombre. Sigo aquí, los chinos y otros también, todos los Maicol. Y seguro que va a haber más, otros que bailen parecido, que cambien su piel, que hagan escándalo y todo eso.
Soy del año 86, y si no fuera por el que se ha muerto quién sabe quién sería yo. No se. Lo único que sé es que voy a salir con mi nombre, voy a bailar en la entrada universitaria de tundiqui. Al revés, me voy a pintar de negro. Ahí va el Maicol, van a decir y voy a hacer, ahora si, un pasito para atrás, bien hecho.
*Publicado en el especial sobre Michael Jackson, de La Razón